jueves, 9 de septiembre de 2010

En la lluvia

la ciudad se refresca, el asfalto de un gris deprimente se convierte en una tonada apacible de frescura incolora, el regocijo de una pareja se transforma en un refugio de besos y caricias hasta hostigar la piel húmeda... El mundo sobre el agua y bajo el agua en el cielo y en el rió, cuyo caudal conecta las fuentes de las pulsaciones de la vida, se reviste del caldo primigenio de la creación.
Estruendo, luz y ráfagas tormentosas, truenos y relámpagos se toman por asalto el horizonte, y ya no hay lugar para el paso humano en la intemperie ahora catastrófica.
tras la ventana se aprecia el ímpetu de la Madre, la correría del cielo, el Mjölnir martillando,y el espectáculo es tan absorbente que por un momento la vida es ajena al cuerpo y las sensaciones se sitúan en aquel estallar de vida en medio de la vida.
Llueve agua, y llueve en la memoria el recuerdo inspirado por la melodía de las gotas que impactan con violencia.
La melancolía de la escena llueve en los ojos, en los labios y en la mente arrastrada por el pasado infame de un adiós en un amante. La felicidad llueve en lagrimas cargadas de sentimiento al son de una buena nueva fértil en una mujer. La intimidad de las sombras que se enrollan en una faena desenfrenada de lujuria y amor es alentada por el frió y el calor, la termodinámica y la exuberante pasión.
El mundo conecta sus raíces, se alimenta el bosque y la mente, y la creatividad nace en la voz, en el violín y en el lápiz. La lluvia es el mundo... la lluvia es la vida.

Desde mi silla



¿Qué son los ojos, más que el puente para la percepción de la mente? La realidad es fluctuante según los observadores, pues son estos quienes crean en el ambiente una consideración diferente de la vida. Cada persona posee un mapa diferente, horizontes y limites diferentes y totalmente ajenos a nuestros ideales.
Observar el mundo de forma empírica ha sido una de las grandes fuentes de progreso científico. Para las mentes cien por ciento empíricas no existe aquello que sea intangible, invisible o imperceptible, y sin embargo hay una pulsación, un vibrar metafísico, una chispa tras la cascara de la vida, que llega a los sentimientos mas arraigados del hombre de una manera indirecta, casi como un susurro; algo que escapa a los ojos y a la mente...

Desde mi silla he vivido encerrado tras mis ojos, andando en mi mente en las escaleras interminables de las ideas y las marañas de la duda, tratando de ignorar aquel visitante inoportuno que revuelve las entrañas con una lluvia de encanto. Siempre he sido fiel al empirismo, sin llegar, claro está, al extremo, y aun lucho por descifrar aquello que me conmueve de tal forma. Es un sentimiento sin nombre, y diferente en cada persona, pues la experiencia de vida y los senderos en las gentes son totalmente ajenos, y el éxtasis de la emoción que intento describir toma forma de distintas maneras en cada ser.
Yo encuentro aquella musa impredecible en las artes y en el frenesí de la escritura, casi automática, como un ritual de André Breton, donde las palabras se transforman en conciencia en un papel o en la pantalla.

A manera de introducción, o acaso bienvenida, esta es la apertura de mi espacio, donde compartiré esa búsqueda desenfrenada del sentimiento incandescente del que hablo.