jueves, 9 de septiembre de 2010

En la lluvia

la ciudad se refresca, el asfalto de un gris deprimente se convierte en una tonada apacible de frescura incolora, el regocijo de una pareja se transforma en un refugio de besos y caricias hasta hostigar la piel húmeda... El mundo sobre el agua y bajo el agua en el cielo y en el rió, cuyo caudal conecta las fuentes de las pulsaciones de la vida, se reviste del caldo primigenio de la creación.
Estruendo, luz y ráfagas tormentosas, truenos y relámpagos se toman por asalto el horizonte, y ya no hay lugar para el paso humano en la intemperie ahora catastrófica.
tras la ventana se aprecia el ímpetu de la Madre, la correría del cielo, el Mjölnir martillando,y el espectáculo es tan absorbente que por un momento la vida es ajena al cuerpo y las sensaciones se sitúan en aquel estallar de vida en medio de la vida.
Llueve agua, y llueve en la memoria el recuerdo inspirado por la melodía de las gotas que impactan con violencia.
La melancolía de la escena llueve en los ojos, en los labios y en la mente arrastrada por el pasado infame de un adiós en un amante. La felicidad llueve en lagrimas cargadas de sentimiento al son de una buena nueva fértil en una mujer. La intimidad de las sombras que se enrollan en una faena desenfrenada de lujuria y amor es alentada por el frió y el calor, la termodinámica y la exuberante pasión.
El mundo conecta sus raíces, se alimenta el bosque y la mente, y la creatividad nace en la voz, en el violín y en el lápiz. La lluvia es el mundo... la lluvia es la vida.

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