jueves, 9 de septiembre de 2010

Desde mi silla



¿Qué son los ojos, más que el puente para la percepción de la mente? La realidad es fluctuante según los observadores, pues son estos quienes crean en el ambiente una consideración diferente de la vida. Cada persona posee un mapa diferente, horizontes y limites diferentes y totalmente ajenos a nuestros ideales.
Observar el mundo de forma empírica ha sido una de las grandes fuentes de progreso científico. Para las mentes cien por ciento empíricas no existe aquello que sea intangible, invisible o imperceptible, y sin embargo hay una pulsación, un vibrar metafísico, una chispa tras la cascara de la vida, que llega a los sentimientos mas arraigados del hombre de una manera indirecta, casi como un susurro; algo que escapa a los ojos y a la mente...

Desde mi silla he vivido encerrado tras mis ojos, andando en mi mente en las escaleras interminables de las ideas y las marañas de la duda, tratando de ignorar aquel visitante inoportuno que revuelve las entrañas con una lluvia de encanto. Siempre he sido fiel al empirismo, sin llegar, claro está, al extremo, y aun lucho por descifrar aquello que me conmueve de tal forma. Es un sentimiento sin nombre, y diferente en cada persona, pues la experiencia de vida y los senderos en las gentes son totalmente ajenos, y el éxtasis de la emoción que intento describir toma forma de distintas maneras en cada ser.
Yo encuentro aquella musa impredecible en las artes y en el frenesí de la escritura, casi automática, como un ritual de André Breton, donde las palabras se transforman en conciencia en un papel o en la pantalla.

A manera de introducción, o acaso bienvenida, esta es la apertura de mi espacio, donde compartiré esa búsqueda desenfrenada del sentimiento incandescente del que hablo.

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